25 de septiembre de 2014

Chayanne, el regreso del eterno seductor


El cantante puertorriqueño nos habló desde Miami acerca de su más reciente trabajo discográfico

Estuvimos con él en Miami y constatamos por qué se ha mantenido y sigue enamorando a hordas de enloquecidas fans de todas las edades. Este jueves 25 de septiembre firmará las revistas a las seguidoras que lleguen hasta la terraza del centro comercial Gran Estación, a las 6 p.m., en Bogotá. (Aquí podrás disfrutar de la galería de fotos que se le hizo al artista)
"No, Elmer no se utiliza”, dice el cantante y suelta una sonrisa como de comercial, con labios finos y alargados, de dientes blancos, perfectos y mentón cuadrado. En su oficina del piso 29, con vista a la bahía del exclusivo sector de Brickell, en Miami, sorprende su abrazo cálido, natural, cercano. Es inevitable sentir que se le conoce de siempre. Y es que en más de 30 años de carrera son varias generaciones las que lo hemos disfrutado con sus bailes, los temas románticos, las baladas rumberas, las telenovelas y hasta esa cinta –Baila conmigo–donde enamoró a la espectacular Vanessa Williams, o la otra –Linda Sara–, en la que compartió cartel con su paisana, la ex Miss Universo Dayanara Torres; o su aparición en Ally McBeal justo cuando la serie estaba en sus picos más altos de audiencia mundial. (También entérate de más detalles de la firma de autógrafos este jueves en Gran Estación)
Chayanne, el boricua que enloquece a sus seguidoras, el primero en hacer que se hablara del boom latino en Hollywood, ya tiene 46 años y conserva la misma silueta, esos rasgos varoniles que tanto admiran en todo el mundo y una buena onda que difícilmente se encuentra en una estrella de sus quilates: “Ahora, con estas maneras de comunicarse por redes sociales, como Instagram, estas formas de llevar tu música o el talento que quieras transmitir por el mundo, ya no hay fronteras. Todo lo que tú hagas aquí puede salir en Japón, en Alemania… entonces debes estar preparado para cuando llegue el momento”.
Elmer Figueroa Arce es el nombre que solo utiliza para firmar los cheques, pues desde que nació y por culpa de una popular serie que se vio en los 60 en su país –llamada Cheyenne–, su mamá, Irma Luz, lo llamó siempre Chayanne: “Incluso mi primera maestra en el kínder y mis amigos me decían Chan, Chanyi, Chancito, Chayanne”.
Cuatro años largos de andar silencioso. Dicen que mucho tuvo que ver la enfermedad de su madre, quien luchó durante meses contra un cáncer que finalmente se la llevó en abril pasado, justo una semana antes de que él se subiera al escenario de los Latin Billboard para presentar su sencillo Humanos a Marte:
“Fue muy difícil. Ya el compromiso existía. Los que están en la cabina, los productores del momento, me decían: ‘Tienes que hacerlo, porque la vida continúa’. Es doloroso, fue doloroso. Ella siempre va a estar conmigo, pues es mi mamá y me va a acompañar de distintas maneras; está allí, siempre va a estar. Son cosas que pasan, que uno sabe que van a pasar y siempre son un golpe. Emocionalmente te pones a pensar y vienen la melancolía, las lágrimas, pero todo eso se va superando poco a poco y sigue estando contigo en el corazón”.
Hay artistas que para componer necesitan un sufrimiento, ¿cómo funciona en su caso?
Puedes estar en la alegría, en la tristeza, en todo eso, y haces canciones de energía y de ritmo, y de juegos de palabras como Madre Tierra, y que son algunos refranes que usamos normalmente como: ‘perro que ladra, no muerde’; pero ahí está escrito: perro que ladra no te asusta y nunca te morderá. Entonces todo este tipo de cosas simpáticas es lo que tienes que descubrir, para que a la larga sea un mensaje profundo y fresco, que te puedas llevar, un mensaje al amor. Todo te ayuda a crecer, primero que todo, como ser humano, empiezas a entender más cosas, y te ayuda profesionalmente a crear... no necesariamente tienes que estar en dolor para crear. Es otra manera de verlo.
Nació en Río Piedras, en el hogar de una profesora y un gerente de ventas (Quintino Figueroa), tiene cuatro hermanos –Clara, Kenny, Elliot y Emanoel–. Sus primeras notas fueron escuchadas en el coro de la iglesia: “Eran cosas normales, con mis hermanos, en la iglesia. A los 6 años comencé a participar en obras de teatro en la escuela, por invitación o por sacar una buena nota”.
Según la historia, comenzó en la música profesional cuando en 1978 acompañó a Clara a una audición de la que saldrían los integrantes de una agrupación juvenil y fue él quien terminó elegido. Los Chicos, así se llamaba el grupo que lo lanzó al estrellato y con el que recorrió el mundo por cinco años; los mismos años que otro quinteto generaba fiebre entre adolescentes de todo el mundo: Menudo. “Con Los Chicos fui por primera vez a Colombia, teníamos 12 o 13 años, y nos presentamos en la Media Torta, en Bogotá”. El éxito era tal, que incluso tenían su propio programa de TV e hicieron una película.
¿Pero es verdad que usted hizo audición para Menudo o eso es una leyenda urbana?
Lo de Menudo fue que Edgardo Díaz (fundador de esa banda) fue hasta mi casa y habló con mi papá, para que yo perteneciera a su grupo, cuando ya estaba en Los Chicos. Le dije que no iba a traicionar a mi grupo y le agradecí. Un año después volvió a invitarme a Menudo, pero ya Los Chichos eran superfamosos.
La disolución del quinteto lo sumió en lo que en varias oportunidades ha llamado los ‘años oscuros’, que a la postre le permitieron centrarse y definir qué sería de su vida, concentrándose en su formación como solista, viviendo en México 15 años, viajando entre Los Ángeles y España para grabar temas y videos, convirtiéndose en la estrella latina del momento.
Está casado (desde 1992) con la abogada y exreina venezolana Marilisa Maronesse y tiene dos hijos, Lorenzo Valentino (16) e Isadora Sofía (14).
¿Cómo maneja Marilisa eso de que tenga tantas mujeres enloquecidas detrás?
Muy bien, yo creo que ni lo piensa (risas)... sería lo mejor, pero es muy cómplice y hay mucha comunicación; así que en el escenario hay que ser profesional y luego, al estar en casa, es a quien le entrego el amor.
¿Llega a la casa y sigue conectado con la música o ya…?
Siempre soy la misma persona. En la casa más que hablar de música se habla de las cosas normales de la familia. En mi oficina es donde desarrollo las partes del trabajo. Tenemos muy definido eso, entonces se disfruta. Mi familia me admira y celebra, pero vivo lo que vive cualquier persona.
En cuanto a sus hijos, ¿hijo de tigre sí sale pintado?
Sí, sacan un montón de rayas. A la niña le gusta mucho la música, también el deporte, practica voleibol, toca piano. El niño también hace mucho deporte. Son buenos estudiantes, pero sobre todo tienen un gran corazón.
¿Qué ha pasado con la actuación?
Siempre me han invitado a algunos proyectos cuando voy a sacar un disco, cuando estoy en promoción y en gira, y es muy difícil sacar un espacio, pero las puertas siempre están abiertas. Las cosas que hemos hecho al día de hoy han sido muchas. Lo último fue una película que realicé para Disney, donde puse la voz principal. La actuación siempre va paralela a la música.
En todo estaré es el álbum –en edición normal y una de lujo– con el que rompe esos cuatro años de silencio, el mismo que viene a presentar este 25 de septiembre a Colombia y por el que logramos que hiciera una firma de autógrafos para los fans que lleguen con esta revista que lo trae en portada.
Tras más de 30 años de carrera, ¿cómo canta y cómo se siente hoy?
En los primeros pasos en la música siempre se siente la incertidumbre. Luego vinieron Fiesta en América y Este ritmo se baila así, Tiempo de vals, Completamente enamorado… y poco a poco hay canciones en cada disco que te ayudan a ir un escaloncito más arriba, para ir desarrollándote. La carrera me llena de orgullo y les agradezco a todas las personas que han estado de una u otra manera en todas las etapas por las que he pasado hasta ahora, pero yo no pienso en eso, sino que hago de cuenta que este es mi primer disco, no el número veintitantos de mi historia.
¿Por qué tantos años desaparecido?
Pasaron cuatro años y medio entre disco y disco, pero luego tuve una gira de dos años, otra de un año con Marco Antonio Solís y Marc Anthony por Latinoamérica, y pasó el tiempo sin darme cuenta. Este último año he estado trabajando de lleno en el disco, porque si no la compañía me iba a matar (risas).
¿Qué tiene este álbum de especial que lo empujó nuevamente a grabar?
Soy un soldado de las canciones de amor, me encantan los temas románticos, creo en el amor y en la letra de las situaciones de una gran pareja, que ocurren cuando hay una pequeña ruptura o separación, con todo lo que se vive, el sentimiento que hay; y logro canciones de ritmo, como Madre Tierra, que está en el disco; y a lo largo de mi carrera otras como Torero y Salomé, que llevan mi estilo romántico.
¿Qué es Colombia para usted?
Colombia para mí es talento, es gente buena, un acento bien bonito, muchas ciudades muy diferentes la una de la otra, los deliciosos jugos, todas las frutas del mundo, el ajiaco, su música, sus tradiciones, sus fiestas, sus festivales... Colombia es muchas cosas. ¡Colombia está en mi corazón!
DIEGO LEÓN GIRALDO S.

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